Metafísica en el supermercado

¿Quién puede dar respuesta a las eternas grandes preguntas? ¿La publicidad? No, en serio…

Marquesina de Supermercado Luis donde se pregunta ¿Qué es? Y se responde que es un supermercado

¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Dónde está el WC? Ah… Las grandes preguntas de la humanidad. Son cuestiones que todos nos hacemos en algún momento y que no son privilegio de humanos existencialistas. La prueba publicitaria de ello es un mupi villenero que daba respuesta a cómo un supermercado reafirmaba su propia esencia. Eso sí, sin renunciar a la trampa circular de incluir el propio objeto definido al contestar a “¿Qué es Supermercado Luis?”.

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Tarantinos creativos

Pig Bull, We meow you, Mordiscos por la inclusión y otros derroches de creatividad que conquistan nuestros corazones roedores.

Escuché a Andreu Buenafuente decir que se emocionó en el cine viendo Érase una vez en… Hollywood. Y no era porque la escena en sí le produjera síndrome de Stendhal, ni porque haber ido al cine fuera una ocasión especial en este fatídico año, fue antes del confinamiento, aclaro. La emoción le embargó porque viendo la película se dio cuenta de que a Tarantino se le deja hacer lo que le dé la real gana. Ha llegado a un punto en que no hay un productor, ayudante de dirección, o lo que sea, que le diga “no, esta secuencia es demasiado larga”, “esto no se va a entender” o “no le va a gustar a la gente”.

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4 jinetes de la fantasía apocalíptica

 4-jinetesLas señales estaban ahí. Es normal que no las detectásemos. Aparecieron dispersas, alejadas en el tiempo y en el espacio, aunque ahí estaban. Pero ahora, con la perspectiva clarividente del Capitán a posteriori lo veo claro. Clarinete. Solo había que unir los puntos, como dijo Steve Jobs en Standford y claro, eso hay que hacerlo mirando hacia atrás, hacia adelante no se puede.

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Vellos y bestias

¿Quién me ha pintado este bigote?
¿Quién me ha pintado este bigote?

Cuando se acercan los calores y la temida operación bikini, nos acordamos de Santa Bárbara, como cuando truena. Al aspecto soñado ya no llegamos este año, otro año más, pero por lo menos que alguien me libre de parecer Chewbacca. Es el momento de los productos depilatorios, láseres, artilugios que afeitan y demás inventos. A esto habría que añadirle algo de color para no parecernos a otro personaje de ficción como Casper, pero ese tema queda pendiente para otro artículo.

En las últimas semanas han pasado por nuestra madriguera varios ejemplos de publicidad contextual sobre el vello corporal, que merecen ser destacados por su desproporción: el primero pretende utilizar como recurso la percepción subjetiva de uno mismo, o como dicen los memes “la diferencia entre lo que compras por internet y lo que te llega a casa”. Seguramente se han pasado de frenada con el bigote de la chica, pero ahí está ella a mitad de camino entre Salvador Dalí y Freddie Mercury.

El osito de peluche y la chica resignada
El osito de peluche y la chica resignada

El segundo caso es un osito de peluche en toda regla, que los hay, no digo yo que no, pero da hasta calor verlo y ni siquiera nos plantean el antes y el después. Creo que no se han atrevido. Su pareja tampoco se atreve a mirarlo.

¿Que me coma qué?
¿Que me coma qué?

Y el tercer caso, el más bestia de los tres, hace un alarde de sutileza en el uso de la retórica y nos propone una revisión conceptual de todo un clásico: “Cómeme el Donut”. Parece que es muy poco apetecible la propuesta gastronómica.

En fin, qué podemos esperar de una sociedad que ha “inventado” los dientes de ajo pelados y envasados vacío al individualmente, eso sí, con mucho plástico de por medio.

Nota: Este artículo ha sido publicado en el número de mayo de 2019 de la Revista Üalà.

Turismo roedor en Orihuela

Orihuela, su pueblo y el de Miguel Hernández, ha sido el destino elegido de manera fortuita para una escapada roedora. Vaya por delante que estas líneas no podían estar más lejos de ser una acusación de ser generadores de contenido roedor por encima de la media. Hemos puesto las garras en localidades de Castellón a Murcia con suerte parecida, pero esta vez le ha tocado a la ciudad universitaria de la Vega Baja.

Te prometo que aunque leas la historia de su web, su nombre seguirá siendo un enigma
Te prometo que aunque leas la historia de su web, su nombre seguirá siendo un enigma

¿Car-picar o Carpi-car?
¿Car-picar o Carpi-car?

El caso es que es un buen sitio para darse un paseo y deleitarse con las empresas que se la juegan en su comunicación persuasiva con denominaciones tan desconcertantes como Agriauto o Carpicar. Su apuesta es arriesgada y consiste en que, a pesar de tener nombres con claras connotaciones automovilísticas, no encontraremos coches en ninguna de ellas. Cuando descubramos, en un interesante giro perceptivo, que la primera se dedica a los productos fitosanitarios y la segunda a las motocicletas, caeremos rendidos ante la audacia de sus responsables. Me he sentido tentado de averiguar el porqué del auto de Agriauto, pero al final he preferido quedarme con la idea de que la verdadera combinación que lo compone es agria + uto. Tampoco le veo el sentido, pero me hace más gracia aún y con eso me basta. Dicho sea de paso, la combinación ganadora de la otra tiene que acabar con “picar”, obviamente.

En todo pueblo hay héroes y en Orihuela hay, como mínimo, 3 gigantes de nombres confusos

Con un nombre tan ganador quién necesita parecer moderno
Con un nombre tan ganador quién necesita parecer moderno

Para cerrar el triplete, tenemos a Rorihuela, una empresa con un naming un poco menos misterioso, especialmente cuando te fijas en lo que hacen (rotulación) y dónde, pero que no deja de tener su encanto, especialmente por esa coherencia estética que a todas luces mantienen desde su fundación en 1960. No es fácil abandonar el tono irónico a estas alturas del artículo, pero el caso es que es imposible no querer a esta gente, y me refiero a todos ellos. A todos los héroes locales que se mantienen firmes en sus propuestas y que son más valientes, divertidos y nobles que los directores de comunicación de esas empresas que recogen premios en festivales. ¡Larga vida a todos ellos!

Nota: Este artículo ha sido publicado en el número de abril de 2019 de la Revista Üalà.

Creatividad bajo cero

Con la lotería navideña llega el invierno y con él, en el mundo publicitario, se nos congelan las ideas o, al menos, se hacen tan previsibles como las mareas. En la primera oleada nos llegan los anuncios de lagrimita con personajes entrañables hasta la hiperglucemia. Todo meloso, plagado de adorables ancianitos y niños con bufanda.  Simultáneamente, aunque con mayor incidencia en los primeros días de enero, llega la segunda marea con el desfile de bellezones y sus anuncios en francés, inglés o italiano, todos con el mismo eje de la comunicación: serás irresistible (léase “segás iguesistiblé”).

https://youtu.be/TTH2zAOKVvA

¿Flogo qué?
Si pronuncias las palabras mágicas, el remedio sale del bolso de Mary Poppins

¿Y después? Después viene lo peor: los anuncios de las EFP (Especialidades Farmacológicas Publicitarias) que son aquellas que nos advierten de que “Este anuncio es de un medicamento, consulte a su médico o farmacéutico”. Están limitadas al alivio sintomático y se dispensan sin receta. Un fascinante catálogo de narices moqueantes, ataques de tos con dibujos animados en la garganta, ardores de estómago con bomberos y todo tipo de lesiones musculares u óseas. El esquema básico de este tipo de anuncios es más simple que el mecanismo de un botijo: estoy que me muero, el prescriptor o prescriptora tiene “casualmente” allí mismo la solución, plano de la presentación del producto y en el plano siguiente estoy ganando un maratón. Este esquema básico se puede sazonar con perlas para repetir el nombre del producto como el mítico “¿Flogo qué?” de Flogoprofen o el marido sordo de Gaviscon a quien su mujer le repite la marca tres veces. Y es que este tipo de productos suelen tener también nombres delirantes.

Ahora que queda poco más de un mes para la llegada de la primavera tendré preparadas mis antenas para las nuevas oleadas, pero intuyo que habrá flores, muchas flores… y algunas alergias.

Autor:

Jesús Orbea

El copy juguetón

Lamas-camas

La tarea del redactor creativo o copywriter, consiste en escribir los textos publicitarios para cualquier medio. Su trabajo es básicamente persuasivo, ya que ha de convencer a personas desconocidas, sobre las bondades de un producto, y lograr que recuerden la marca por encima de la competencia. Entre su pequeño arsenal de recursos cuenta con el conocimiento sobre los comportamientos del consumidor, conocimiento del producto y  hábitos expresivos del lenguaje.

Siempre ha habido y habrá redactores que han apostado por las rimas y los juegos de palabras para hacer memorables sus mensajes. El máximo exponente de los juegos de palabras en la historia de la publicidad española ha sido Ricardo Pérez, aún en activo, con célebres textos como “Estamos a tu helado”, para Avidesa; “El que sabe, Saba”, para electrónica de consumo Saba o el celebérrimo “Lorenzo Lamas, el rey de las camas”, para Reig Martí”.

cheapóEn esta madriguera roedora hay auténticos clásicos modernos que nos deleitan y sorprenden a partes iguales, temporada tras temporada, y uno de ellos es sin duda Plaza Mar 2. ¿Quién no recuerda las polémicas “Remajas de verano”, “Vuelve la Prima Vera”, “Es NaviDAR” o “Mary Cris&más”? Con el tiempo han forjado una trayectoria que bien merece su propio hastag roedor #ehplazamar, que empieza a tener un buen histórico en Facebook.

En las rebajas de enero lo han vuelto a hacer, y algún roedor ha pedido ya en nuestra página de Facebook una entrevista urgente con el redactor de estas piezas. Ahí queda su sorprendente “Cheapó”, que combina cheap (barato en inglés) con chapó, derivado del francés pero admitido por la RAE.

achoconanterepajas

Cuando parecía que esta campaña era insuperable, asoman el hocico por el grupo un “Achoconante”, para Helados Alacant y las “Repajas” de un sex shop. No paramos de jugar.

Monkey business

Tratas de circular por la rotonda apurando los límites de tu percepción hasta lo imposible. Los habituales 180º de visión alcanzan unos imposibles 220º. Los suficientes para advertir ese Mercedes que se te va a cruzar a lo Mad Max desde el carril interior. Frenas lo justo para dejarle pasar y, unos segundos después, ya estás fuera de la rotonda.

La Valla. La Revelación.
La Valla. La Revelación.

Tomas la recta pensando en lo complejo que se ha vuelto tu trabajo. En el asunto del inbound marketing, del neuromarketing, del engagement, de lo viral, los influencers, los KPIs, el SEO, el SEM, el storytelling, lo de los nuevos formatos audiovisuales nacidos al amparo de cada una de las redes sociales y de los hábitos de consumo de contenido de los millennials, los postmillennials, los hipermillennials y los paramillennials.

Entonces levantas ligeramente la vista y ves la valla. La Rebeldía. La Revelación.

Su mensaje es bien sencillo: solo trata de animarte a alquilar trasteros. No hay una sola frase ingeniosa. Tampoco un claim rotundo.

Pero hay un mono. Con gafas.

Un chimpancé zumbón estándar que esboza una sonrisa de oreja a oreja. Por un momento, te preguntas si no hace falta más. Si tenemos a toda una industria dejándose las neuronas (y los becarios) para ser innovadores, creativos, ingeniosos y premiados. Si no bastaría con un simpático primate asomándose en cada campaña para que la cosa funcionara. Fantaseas con un reel del Festival de Cannes totalmente protagonizado por simios. ¿Podrían los monos revelarse como la verdadera e inesperada clave de la comunicación publicitaria?

Lo simio como branding
Lo simio como branding

No sabes la respuesta.

Solo que, de momento, estás sintiendo unas irrefrenables ganas de alquilar un trastero.
Nota: Este artículo ha sido publicado en el número de noviembre de 2018 de la Revista Üalà.

El pretexto del contexto y la verdad del algoritmo

“Errar es humano, anunciarlo es roedor”, es el lema del grupo eh!Ratas, esa madriguera roedora desde donde escribimos la página que estás leyendo. Inicialmente éramos un grupo de personas relacionadas con la publicidad desde distintos ámbitos, amantes y odiantes de ella a partes iguales. Algunas veces, cuando éramos pocos y celebrábamos fiestas, hemos gastado bromas imaginando cómo fue la aprobación de las piezas que aparecen por nuestra página. Otras, las menos, pensábamos que nos gustaría meternos en el cerebro de los anunciantes para entender qué pasaba por ahí, pero os aseguro que no es el caso de este mes.
La publicidad contextual es esa que te encuentras en las redes sociales, que se cuela entre tu contenido y que te da muchas sorpresas, algunas muy divertidas. Me explico, o mejor que lo expliquen tres ejemplos:

Foto 1    •    Una empresa de climatización de piscinas puso en el contexto de la roedora Ana Alonso el sutil anuncio de esta foto. Días después eliminaron el toque gore de la fotografía, pero la captura estaba hecha.
Foto 2    •    Otro roedor con galones, Miguel Ríos, encontró esta… este… bueno, el anuncio de esta otra imagen. No queda claro lo que venden pero si vas a desayunar, comer o cenar, no la mires.

Foto 3    •    Alondra Corza, desde México, nos hace llegar el tercer ejemplo con una combinación imagen/texto de lo más sugerente, como se puede ver en la foto 3. De momento, seguimos sin saber en qué parte remató.

Se supone que la aparición de estos anuncios en nuestro dispositivo depende de los célebres algoritmos y de nuestro historial de navegación, aunque yo creo que detrás hay un mono irascible que le da a una tecla aleatoriamente.

Nota: Este artículo ha sido publicado en el número de agosto de 2018 de la Revista Üalà.