No sin mi foto

1-Cristobal-Que sí, que el anuncio lo pagas tú, ¿pero seguro que salir en la foto te va ayudar en algo?
-¿Me puedes garantizar tú que con sin ella vaya a vender más?
-Pues no.
-Entonces, ponla, que yo sí que puedo garantizar que voy a vacilar más. -Pues visto así…

Me cuesta ponerme en la cabeza de cualquier anunciante que, cual Saul Goodman de barrio, decida protagonizar su valla, faldón o lo que sea. Sin embargo, tengo que reconocer que es indiscutible que tiene más garantizado alcanzar sus objetivos de autorrealización que los de marketing, por modestos que sean. Eso sí, estos pueden combinarse con motivaciones muy distintas… Desde las centradas en el eje “molo tanto que levantando el pulgar esto está hecho” hasta las que asocian descaradamente la infelicidad con el tamaño del pecho femenino, como en una polémica valla publicitaria de Cali, Colombia.

2-Limones

Este último caso es de hace un par de años ya, pero más años tienen los limones salvajes del caribe de Fá y se han seguido recordando durante décadas. No se puede negar que hay mucha demanda de tetas grandes pero hay gustos para todo y, por qué no decirlo, aquí servidor se alinea con los seguidores de los limones. Vamos, que si a alguien le pondría mala cara sería al Dr. Álvaro José Molina, por posar orgulloso junto a esa comparativa tan torticera. Frutas y verduras aparte, si ya decía que me costaba situarme en la mente de cualquiera de los anunciantes a los que les gusta salir en la foto, hay un cerebro tan insondable que merece mención aparte.

3-PayasoIMG-20191223-WA0001

Se trata de una cabeza en la que, si se me cayera un billete de 500€ (algo física y económicamente imposible) ni me asomaría a verlo caer. Es la cabeza capaz de parir el concepto “ultramarino payaso”. Saquen sus propias conclusiones sobre sus motivaciones. Si se atreven.

Nota: Este artículo ha sido publicado en el número de enero de 2020 de la Revista Üalà.

Bonus: Cerramos esta galería con un grande que se quedó fuera de la versión de Üalà y que nos remitió Daniel Simón. Un homenaje al clásico “cansado de ser gordo y feo…” pero con algunos giros que complican la trama y la legibilidad.

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