Burros grandes

Amenábar, rumbo al Oscar

Amenábar, rumbo al Oscar

Hubo un tiempo en el que la publicidad se enorgullecía de ser esa disciplina capaz de contar grandes historias en poco más de 20 segundos.

Hoy, en la época del branded content y el storytelling transmedia la cosa empieza a no estar tan clara. De un tiempo a esta parte ciertas marcas, quizá obsesionadas por alimentar las redes, (ese estómago digital permanentemente hambriento de contenido) se han venido arriba produciendo costosísimos cortometrajes (o incluso series de ellos).

Tenemos el mediterráneo artificial de Estrella Damm featuring unos Dakota Johnson, Jean Reno & Peter Dinklage con permanente rictus de despiste. También a Amstel obligando a Asier Etxeandía y Miriam Giovanelli a participar en una serie de átonos equívocos autonómicos, a Adriana Ugarte embarcada en su propio “Black Mirror” o los esfuerzos anuales de “Cinergía”, amén del discretísimo retorno de la pionera campaña “BMW Films”. ¡Hasta los yogures griegos Oikos tienen su propio corto!

“¿Y si ponemos al enano borde ese que le gusta tanto a la gente?”

“¿Y si ponemos al enano borde ese que le gusta tanto a la gente?”

Y ahora, por si éramos pocos, parió Doña Manolita. La Lotería de Navidad nos casca 20 azucarados y alienígenas minutazos.

¿Qué porcentaje de estos esfuerzos acaban por justificar su metraje contando una historia de verdadero interés, capaz de mantener el interés y competir en un entorno saturado de (muy buena) ficción episódica?

¿Nos encontramos ante una burbuja? De ser así, ¿estallará? ¿O acabaremos teniendo que levantar Adflix: una plataforma gratuita de streaming donde las marcas puedan estrenar de manera centralizada sus “burros grandes”, anden o no anden?

 

Nota: Este artículo ha sido publicado en el número de diciembre de 2017 de la Revista Üalà.