Tengo un orangután en mi pantalla

Captura del primate de Greenpeace

Hay que ser muy malo para no querer proteger a un primate con nombre y esos ojazos

Y yo no quiero que esté. Pero no por los mismos motivos que esa niña de ojos tan enormes como los suyos. Sí, coincidimos en cosas y tampoco quiero que pierdan su hábitat los orangutanes. Sin embargo, a pesar de que está demostrado que los ojazos de animales provocan empatía (y de niños ni te cuento) a mí, el anuncio de Greenpeace en el que aparecen me deja mal cuerpo.
nazca-greenpeaceEs un anuncio que ha tenido una acogida espectacular entre el público y con un ratio muy bueno de likes/dislikes pero me parece que una vez más, esta organización ecologista está haciendo daño, en muchos casos, a gente inocente que intenta hacer las cosas bien.

Agricultores indonesios celebrando la certificación ecológica de sus plantaciones

Agricultores indonesios celebraban la certificación ecológica de sus plantaciones de palma sin pensar que pueden ser satánicos sin saberlo

He dicho una vez más porque Greenpeace ha protagonizado sonados casos en los que se han evidenciado sus daños colaterales. Como cuando en 2014 dañaron una de las Líneas de Nazca, Patrimonio de la Humanidad en una protesta. O cuando más de 100 premios Nobel les acusaron de crimen contra la humanidad por su oposición a transgénicos que pueden evitar innumerables enfermedades y muertes. No es plan de repasar sus antecedentes en estas pocas líneas aunque, ya que me expongo al linchamiento colectivo por parte de sus fans, no quería dejar de recordar que la organización está lejos de ser infalible.

Dicho esto, volviendo al anuncio de Rang-Tan (el orangután), creo que debería explicar qué problema veo en algo tan dulce y no es otro que la estigmatización que produce en el aceite de palma. Es una historia de buenos y malos, en la que los maléficos deforestadores son quienes lo cultivan. Estaría bien que las cosas fueran tan fáciles, pero no. El enemigo no es el aceite de palma, que se puede cultivar sin talar ninguna selva e incluso de manera ecológica. El problema es la agricultura intensiva y de poco va a servir que se deje de consumir ese producto si se deforesta para plantar otra cosa. De hecho, la soja es responsable de deforestar más que la palma, pero nadie se plantea abandonar su consumo. Hay que evitar que se tale nuestro patrimonio, pero no para un producto en concreto. Si no, habrá que ir pensando en hacer anuncios donde los que lo cultiven de manera responsable también luzcan sus ojos grandes y brillantes para que no se arruinen.

Nota: Este artículo ha sido publicado en el número de septiembre de 2019 de la Revista Üalà.

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