Marketing birral

Tengo un amigo que está al frente de la que, según dicen los entendidos, es la mejor cervecería de la ciudad, por no decir de la provincia. A ella acuden a diario, guiados por las opiniones que otros expertos vuelcan en la red, auténticos amantes del lúpulo y la cebada. De esos que compiten por ser los primeros en descubrir la última propuesta artesana de un productor local, por muy ubirra-likenderground que sea, antes que resignarse a refrescarse en plan mainstream. Podría decirse, (con muy poca vergüenza poética), que el verdadero trabajo de mi amigo consiste en saber saciar la sed de curiosidad. Esa erudición de su clientela le exige ser un profesional en permanente actualización de sus conocimientos. Y es que no puede ocurrir, por el bien del posicionamiento de su local, que una petición de un cliente le deje fuera de juego.

Pues bien, el otro día sucedió. Tuvo mi amigo que disimular su desconcierto al enfrentarse a algo nuevo y desconocido para él. Algo que nunca antes le habían pedido: “Si me invitas a una cerveza, la subo a mi Instagram, que tengo más de 500 seguidores”. La oferta, realizada por la que era claramente la lideresa de una mesa de chicas de recién estrenada mayoría de edad, llenó de dudas a mi amigo.

¿Era aquella joven una de esas influencers que están dictando las nuevas pautas publicitarias? ¿Escondía hábilmente su oferta la amenaza de un aluvión de opiniones negativas en las redes? ¿Y si en lugar de un chantaje estaba ante una oportunidad?¿Y si sus 500 seguidoras fueran suficientes para generar una ola de viralidad capaz de llenar su local de intrépidas instagramers? ¿Sería tan arriesgado, como a priori le parecía, sustituir los experimentados hígados de sus parroquianos por los de jóvenes blogueras en un inesperado giro de modelo de negocio?

En honor a la verdad he de decir que no sé cómo terminó la historia. Eso sí, me extrañaría mucho, muchísimo, conociendo a mi amigo, que a pesar de las dudas iniciales, al final le diera la cerveza. Y por supuesto que ella le diera like.

Nota: Este artículo ha sido publicado en el número de octubre de 2017 de la Revista Üalà.

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